Las dificultades de negociar con un mexicano: El concepto del tiempo
Una de las cosas que más desconciertan a los
extranjeros que negocian con mexicanos es el concepto del tiempo.
El concepto del tiempo en México es diferente
al de otras culturas, sobre todo occidentales. Las negociaciones pueden ser más
informales y menos apresuradas, y es común que las reuniones empiecen tarde o
se prolonguen más de lo previsto. La flexibilidad y la paciencia son claves
para adaptarse a este ritmo.
En muchos países, las negociaciones de negocios
van, después de una breve introducción protocolaria, directo al asunto en
cuestión. En México, esa no es la regla. Mi esposa es serbia. Recuerdo que a l
mes de haber llegado al país, me acompañó a una cita de negocios. Para no dar
nombres, basta decir que era una institución gubernamental; aunque en ese
momento ella no hablaba español, empecé a notar su impaciencia al ver que la
plática no salía de lo informal. De pasar de las preguntas personales y de la
situación, pasaron a enseñarnos el salón de capacitación, recién remodelado y
después, más plática informal. A la hora y media de plática, vi que hubo un hueco
donde podíamos hablar de negocios. Y lo hicimos. En 10 minutos, cerramos lo que
habíamos venido a hablar. Imaginen la desesperación de mi esposa cuando tuvo
que soportar otros 30 minutos de pláticas informales y protocolarias antes de
poder despedirnos.
La experiencia de mi esposa ilustra bien cómo
las diferencias en el concepto del tiempo pueden influir en las negociaciones y
en las expectativas de los involucrados. Para los extranjeros, puede ser
desconcertante y hasta frustrante, pero es fundamental comprender que esta
flexibilidad es parte de la cultura mexicana. Adaptarse a este ritmo implica no
solo paciencia, sino también una disposición para construir relaciones
personales antes de abordar los asuntos empresariales en México. En última
instancia, el éxito en las negociaciones con mexicanos puede depender tanto de
la capacidad de establecer vínculos humanos como de la destreza para cerrar un
trato… y también cierta sensibilidad para leer a la contraparte y detectar el
momento preciso de hablar de negocios… y cuando no.
Otro aspecto de este concepto del tiempo tan
particular con los mexicanos es la impuntualidad. Y somos mundialmente famosos
por eso. La impuntualidad en México es una característica que puede sorprender
a quienes están acostumbrados a una estricta adherencia a los horarios. En
muchas ocasiones, los compromisos sociales y empresariales no se ciñen
estrictamente al reloj, y se espera una cierta flexibilidad por parte de todos
los involucrados. Este enfoque relajado hacia el tiempo no es necesariamente
una falta de respeto, sino más bien una manifestación de un enfoque cultural
distinto hacia las relaciones y las prioridades.
En 1993, un grupo de diputados mexicanos hizo
una gira por Alemania. En ese momento, me encontraba cursando mis estudios de
doctorado en Mainz. El director de la facultad de Ciencias Políticas consiguió
un espacio con estos diputados para reunirse con los estudiantes en una charla
sobre el sistema político mexicano. Como el mexicano del grupo, el director me
asignó al comité organizador de esta reunión, que en teoría empezaría a las
15:00. El día de la reunión, los 5 miembros del comité llegamos media hora
antes para arreglar el salón, poner los identificadores y colocar café y
galletas. Y nos dieron las 3… y pasó el tiempo… alas 15:30 comenzaron las
quejas de mis compañeros de los asistentes. De repente, escuché: “¡Claro! ¡tenían
que ser mexicanos!”. Yo protesté, diciendo: “¡Eh! Yo soy mexicano y estoy aquí
desde las 14:30”. La respuesta de mis compañeros fue: “Sí; pero ya llevas
tiempo viviendo en Alemania”. Desgraciadamente, esa no es la única anécdota que
puedo citar para nuestra fama mundial de impuntualidad; pero el espacio no nos
alcanza.
Tiempo después, tuve la oportunidad de trabajar
en la Consejería Comercial de México en Alemania. Entre las actividades que
tenía, estaba la de recopilar todo lo que se dijera de México en los medios
escritos o electrónicos. No era raro que nos llegaran estudios acerca de México
y su cultura. El tema de la impuntualidad mexicana era recurrente; pero también
su explicación: “Los mexicanos son impuntuales porque para ellos el tiempo es
relativo”. La verdad es que a mi nunca
me convenció esa explicación. Si el tiempo fuera relativo, la gente no se
estresaría cuando va a llegar tarde a algún lugar. Y la verdad es que todos nos
estresamos cuando vamos tarde. Si el tiempo fuera relativo, no nos importaría
tanto.
En una ocasión; sin embargo, nos llegó un
estudio de una firma canadiense. Cuando llegaron a la parte de la puntualidad, ya
esperaba yo la de siempre; no obstante, su explicación dio en el clavo. Los
mexicanos son impuntuales porque son demasiado optimistas. ¿Le parece raro? Analicemos
un poco esto:
1.
La
gente suele organizar su día pensando en el mejor escenario posible. Digamos
que se organizó cinco actividades para antes de la hora de la comida y otras
cuatro después de la comida. ¿Sabe qué va a pasar? ¿Qué tal que la primera cita
llega tarde? O ¿Qué tal que surge una posibilidad interesante de negocio y no
quiere perder la oportunidad; aunque eso implique alargar la reunión?
En 2017, fui con otras personas a
Bogotá en un viaje de negocios. Aprovechando un congreso, llegamos una semana
antes para organizar las citas de trabajo. La gente de la embajada de México
nos organizó un itinerario bastante apretado: Seis citas por día. Entre los
problemas de tráfico y otras circunstancias que se dieron, el primer día
llegamos a tiempo a las primeras dos citas… después de eso, todo se fue
retrasando, tuvimos que cancelar dos de ellas y pasarlas para otro día. Al
final, tuvimos que organizarnos en la semana del congreso para ver a la gente que
nos fue imposible ver la primera semana.
El problema con ese itinerario es
que no daba margen de errores o imprevistos. Una verdad de la vida es que rara
vez las cosas salen exactamente como las planeamos; y cuando eso pasa, es más
una excepción que la regla. Siempre va a pasar algo que se sale del plan.
Desgraciadamente, en México solemos pensar en el mejor escenario posible y
hacemos planes acorde con eso.
2.
Ese
optimismo se refleja también a la hora de cumplir con los acuerdos. Los
negociadores mexicanos suelen acordar fechas de entrega basados en ese optimismo,
lo que resulta en que se incumplen los acuerdos con pasmosa frecuencia.
En
conclusión, la cultura del tiempo en México es un reflejo de su rica y compleja
herencia social, donde las relaciones personales y la flexibilidad son valores
fundamentales. La impuntualidad y el optimismo excesivo pueden ser desafíos en
el mundo empresarial; pero también son oportunidades para desarrollar
paciencia, adaptación y una comprensión más profunda de la idiosincrasia
mexicana. Aquellos que logran navegar estas aguas con tacto y sensibilidad
descubrirán que, más allá de los relojes y los calendarios, las negociaciones
en México pueden llevar a conexiones humanas valiosas y asociaciones duraderas.
Al final del día, entender y respetar estas diferencias culturales no solo
favorece el éxito de las negociaciones, sino que también enriquece la experiencia
de todos los involucrados.
Y para el
mexicano, algo que nos va a hacer la vida más fácil es pensar en varios escenarios:
el mejor, por supuesto; pero también valdría muchísimo, sobre todo para planear
nuestra negociación, pensar en el escenario más probable y, en su caso, en lo
peor que puede pasar y qué podríamos hacer en esos casos. No es parte de
nuestra naturaleza; pero, créame, le reportará una infinidad de beneficios en
sus negociaciones.

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